domingo, 31 de agosto de 2008

Ilusión transformadora

Ya estamos a punto de estrenar septiembre. Y la ilusión del comienzo ha de llevarnos a la acción. Una ilusión compartida, sin miedos, ni complejos, que transforma por su belleza a aquellos que se nos acercan. "Tenemos una misión, una ciudad que convertir al Amor". El amor hacia los demás ha de "demostrarse mostrando" quién es la causa de nuestro amor. Si Dios es lo mejor de mi vida, y quiero a mi hermano, querré a Dios también para él. Dios quiera que nuestro grupo crezca. La ilusión se multiplicaría por mil. Pero ese crecimiento no llega sin un vencimiento personal. Cada uno está llamado a hacer apostolado con el de al lado, a invitar a diestro y siniestro, a regalar lo mejor que tenemos. Aunque a veces tengamos que pasar por esa sensación del profeta Jeremías: "Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí". Pero la promesa del Señor no deja lugar a dudas: "Si uno quiere salvar la vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará".

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